|
Una vez más, en este XI Congreso Mariológico Internacional de Huelva, ha sido posible que un grupo de teólogos católicos participantes en él entablaran un diálogo fraterno con teólogos de otras confesiones (anglicana, ortodoxa y reformada) sobre la figura de María, con voluntad abierta de señalar las líneas de convergencia de su fe. Este encuentro se sitúa en continuidad con los celebrados en Congresos anteriores. Los reunidos tomaron especialmente conciencia del camino recorrido a partir del Congreso de Zaragoza (1979), en el que se intentó recoger los elementos de una espiritualidad cristiana, abierta a María, aceptable por todas las confesiones. En este proceso de reflexión, los Congresos de Malta (1983) y Kevelaer (1987) han significado ulteriores profundizaciones del tema. El arco de las Declaraciones hechas en estos Congresos permite señalar las coincidencias y las divergencias existentes en este campo.
Para prolongar las reflexiones ha parecido conveniente buscar un tema importante, cercano al tratado hasta ahora, como es el de la fe de María. Antes de abordarlo, los reunidos desean, ante todo, ardiente y gozosamente proclamar su fe común en Jesucristo, el Logos del Padre, hecho carne (Jn 1, 14), concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la siempre Virgen, a la que todos nosotros llamamos Theotokos. 1.- María misma ha profetizado: "Todas las generaciones me llamarán bienaventurada" Lc 1, 48). En el contexto de la alabanza a María que, bajo el impulso del Espíritu Santo, le dirige Isabel, encontramos la razón fundamental de esta profecía: María es "la que ha creído" (Lc 1, 45). María no es solamente una creyente. Su fe, por su excelente importancia, puede ponerse en paralelismo con la fe de Abraham, que creyó en esperanza contra toda esperanza (cf. Rom 4, 18). La fe de María nace en el judaísmo en contacto con los textos proféticos e implica, por ello, la dimensión de total obediencia (Rom 16, 26; l. 5). Esa fe le exige consagrarse a hacer la voluntad de Dios. Ella asume esa entrega de la manera más total: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra" (Lc 1, 38). Por esta total disponibilidad, María es modelo de fe para todos los cristianos. 2.- La Nueva Alianza comienza con la revelación de la Encarnación a María y la fe con que Ella la cree como verdadera, se abandona a ella y entra en su misterio. En este momento tienen su primera realización las profecías de Jeremías y Ezequiel sobre la Nueva Alianza, no escrita en tablas de piedra sino en los corazones de carne (cf. Jer 31, 33: Ez 11, 19): "Os daré un corazón nuevo" (Ez 36, 26). En este sentido, la acción del Espíritu Santo, antecedentemente a la Encarnación del Logos, opera también una transformación en el Corazón de María. 3.- Como lo ha señalado la tradición cristiana más antigua, la fe de María manifiesta una llamativa oposición a la incredulidad de Eva. La fe de María se expresa, por primera vez, en su respuesta al ángel, mientras que la incredulidad de Eva es desobediencia a Dios en su diálogo con la serpiente. Posteriormente, María mantiene su fe en la oscuridad de la vida oculta y, sobre todo, en la prueba del Calvario con la humilde meditación de lo no comprendido (Lc 2, 19 y 31). En la larga peregrinación de su propia vida, María va descubriendo las exigencias concretas del plan de Dios sobre su Hijo y sobre Ella (cf. Lc 2, 50; Jn 2, 3-4; Mc 3, 3135). Desde la Anunciación hasta la Cruz, María es la humilde esclava del Señor. 4.- La espera de Pentecostés nos presenta a María en oración. Viviendo su fe en la primera comunidad eclesial, Ella nos muestra la necesidad de una conexión de la fe personal y la comunidad, en apertura al Espíritu Santo. En este ambiente, el Paráclito impulsa a evangelizar el mundo entero (Mc 16, 15) para suscitar la fe en los que no creen o renovarla en los creyentes de fe débil. El objeto de la evangelización bajo la acción del Espíritu Santo conduce siempre al conocimiento de Jesús el Hijo de Dios y, por Jesús, al conocimiento del Padre.
Los abajo firmantes testifican también el ambiente fraterno en que se ha desarrollado el encuentro y dan gracias al Señor por la experiencia espiritual vivida en estos días, en la cual ha estado presente el recuerdo de la Madre del Señor.
Franz Courth S.A.C. Prof. Constantine P. Charalampidis (ortodoxo) Mons. Charles Mollette Pastor Henry Chavannes (reformado) Cándido Pozo S.I. Canónigo Howard Root (anglicano) Pierre Masson O.P.
|
|